martes, 2 de septiembre de 2014

La indolencia, capacidad de asombro y sensibilidad humana.

"Pues el necio habla necedades, y su corazón se inclina hacia el mal, para practicar la impiedad y hablar falsedad contra el SEÑOR, para mantener con hambre al hambriento y para privar de bebida al sediento."
                                                               Isaías 32,6


¡Camada de víboras! ¿Cómo podéis hablar cosas buenas siendo malos? Porque de la abundancia del corazón habla la boca.
                                                                Mateo 12:34



Es tal la indolencia frente a lo que vivimos que hemos perdido la capacidad de asombro y escándalo . ¿Es que ya no hay quien clame por la justicia ni hable con verdad? (Isaías 59,4). Debemos preguntarnos dónde quedó la voluntad de estar a la altura de nuestro tiempo y poner límites morales que no permitan más el mal que tanto nos afecta como sociedad (Salmos 36,3-4). Es hora de cambiar, de rectificar. Ver esta entrada de la canción de JuanEs Odio por Amor.

En la época de Jesús, como en la nuestra, muchos apostaban por una cultura que favoreciera relaciones deshumanizadoras, e incluso llegaban a matar a quienes denunciaban los problemas sociales y apostaban por la paz (Mt 23,34). ¿Será que no queremos construir la paz y nos hemos resignado a vivir en medio de la violencia y el maltrato? (Lc 19,42). Debemos ser honestos con nosotros mismos y reconocer que hemos perdido la capacidad de vincularnos con los sucesos irracionales que acontecen en nuestro entorno. Qué triste es cuando, incluso, los consideramos «normales».
El reto es volver a discernir nuestro modo de relacionarnos, los unos con los otros, y preguntarnos por aquello que queremos como sociedad. Necesitamos consolidar un «corazón nuevo» (Ez 11,19) para poder construir «nuevos cielos y nueva tierra» (Is 65,17), donde nadie muera de hambre, no haya corrupción ni violencia, los ancianos lleguen felices a sus últimos días y no nos acostumbremos al maltrato. Una sociedad donde todos tengamos casa, trabajo y alimento. Pero un mundo así será posible cuando nos sentemos «todos», amigos y enemigos, en una misma mesa, para reconocernos «sujetos», y dejemos de tratarnos como «objetos» y «desconocidos». Cuando reconozcamos que el otro, con todas sus diferencias, es un «bien» para mi propia vida.

La práctica de Jesús nos muestra que sí es posible. Él vive un estilo de vida que es válido para cualquier persona porque fraterniza, va más allá de las propias creencias religiosas (Lucas 17,18-19) y las adhesiones políticas (Lucas 7,9). En Él encontramos el paradigma de un modo de ser donde no hay cabida para la indolencia sociopolítica. Él trata al otro sin odio ni violencia, con generosidad y sirviendo la causa del necesitado (Lucas 6,27-36). ¿Es tan difícil vivir así?
Cuando una sociedad pierde la esperanza y deja de soñar con un mundo más humano, entonces comienza a morir. Construir un «corazón nuevo» con «nuevos cielos y nueva tierra» donde podamos habitar como una «nueva familia», más allá de los lazos biológicos, ideológicos y religiosos, tiene que ser creíble. No puede ser una mera utopía. Pero vivir así pasa, necesariamente, por cambiar.
¿Estamos dispuestos a apostar por la solidaridad fraterna y el bien común?, ¿a luchar por la promoción de la reconciliación antes que la exclusión ideológica, incluso donde las condiciones sean las más desesperanzadoras? Sólo luchando por la causa de una sociedad más humana, sacaremos lo mejor que tenemos y demostraremos el talante de nuestra humanidad. Entonces dejarán de reinar la desidia y la resignación, y comenzaremos a caminar hacia una sociedad justa, hasta decir con esperanza que «ya no habrá muerte ni llanto, ni gritos ni fatigas» (Revelación 21,4). 






 »Ustedes han oído que se dijo: “Ama a tu prójimo y odia a tu enemigo.”  Pero yo les digo: Amen a sus enemigos y oren por quienes los persiguen,  para que sean hijos de su Padre que está en el cielo. Él hace que salga el sol sobre malos y buenos, y que llueva sobre justos e injustos.  Si ustedes aman solamente a quienes los aman, ¿qué recompensa recibirán? ¿Acaso no hacen eso hasta los recaudadores de impuestos?  Y si saludan a sus hermanos solamente, ¿qué de más hacen ustedes? ¿Acaso no hacen esto hasta los gentiles? 48 Por tanto, sean perfectos, así como su Padre celestial es perfecto. »
                                                                                  Mateo 5:43-48 



La capacidad de asombro y sensibilidad humana.


Los escenarios de crisis y conflictividad que actualmente vive el país han ocasionado un gran vacío de valores en el ciudadano de hoy . Los sociales y económicos implican un reflejo de alteración de valores, donde predomina el dinero y el amor a los bienes materiales ocasionando así una perdida en la ética del venezolano. Así lo aseveró, el profesor titular de la Universidad Católica Andrés (UCAB) de las cátedras de Ética de la Profesión, Introducción al Estudio del y Bioética, Ludwig Schmidt.
Schmidt asegura que los constantes hechos violentos y los altos índices de inseguridad en el país han hecho que el venezolano pierda su capacidad de asombro y sensibilidad humana. “El hecho en que ya se vea la muerte sin asombro indica que ya hemos perdido la acción de sentir por terceros. Los venezolanos han perdido la sensibilidad y los pequeños detalles cordiales del día a día. Los aportes que se hacían a favor del prójimo han ido desapareciendo con el tiempo”, dijo. 

Venezuela vive actualmente una cruzada en contra de la corrupción, sin embargo los esfuerzos del Gobierno por combatirla no han sido del todo sinceros. Schmidt manifiesta que el ciudadano actualmente carece de ética debido al ambiente en el que se ve inmerso y la carencia de educación y valores en todos los ámbitos. "La gente perdió su horizonte por comprar cosas que tal vez no necesita hay gente que tiene ética y hay quienes la hacen acomodaticia. La sociedad hoy día ha ido perdiendo esos valores. Venezuela fue uno de los países donde la ética se vivía desde el hogar hoy en día estamos viendo todo lo contrario y es lamentable. Hay una pérdida del sentido humano y al perder ese sentido estás perdiendo el sentido de la ética. En Venezuela los niveles de agresividad son preocupantes”, opinó.
Schmidt exhortó a los venezolanos a reflexionar sobre su papel en la sociedad para aportar y construir los valores que se han ido perdiendo para mejorar las relaciones con el entorno. “Los venezolanos deben meditar mucho sobre que debe ser como hombre o mujer en la sociedad, de cómo tiene que mejorar las relaciones con su entorno para ir construyendo el país que queremos”.



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