lunes, 29 de diciembre de 2014

Desaparición del lago Chad

El lago Chad ha perdido un 90% de su extensión en sólo 40 años debido al avance del desierto y la irrigación para cultivos. A este ritmo, desaparecerá en sólo dos décadas. Unos 30 millones de personas viven de sus aguas, así que esta es la historia anticipada de un desastre humanitario.
EL LAGO CHAD

El lago Chad es una especie de oasis en medio del Sahel, la zona semiárida que se interpone entre la sabana africana al sur y el desierto del Sáhara al norte, una zona muy sensible a los cambios climáticos y la sequía y  marcada por el avance imparable del desierto. Se trata de un lago de agua dulce con poca profundidad y un fondo muy plano que incluso en sus mejores momentos, hace décadas, nunca pasó de los 7 metros de profundidad máxima -hoy tiene una profundidad media de tan solo 1,5 metros-. En sus aguas convergen las fronteras de varios estados: Chad, Níger, Nigeria y Camerún. Su caudal siempre ha sido muy variable porque depende de las escasas lluvias estacionales de la zona, pero especialmente de los aporte de los ríos que vierten en su cuenca, que se rigen también por lluvias tropicales e irregulares, que igualmente se concentran en la estación de lluvias, de ahí las variaciones en su caudal a lo largo del año y entre distintos años. Entre estos ríos tributarios destaca especialmente del río Chari y sus afluentes, como el Logone, que discurren desde el sur y traen sus aguas desde las sabanas y bosques de las zonas elevadas de la República Centroafricana, aportando el 90% de su agua -28000 millones de m3 el Chari y 12000 millones de m3 el Logone-. En menor medida le aportan agua otros ríos que proceden del suroeste, de Nigeria, como el komadugu Yobe  -un 5% del total-.
Las poblaciones cercanas se han adaptado siempre a esta situación, dedicándose a la pesca, base de su alimentción, que complementaban con actividades agrícolas de carácter tradicional, que ponían en cultivo las tierras húmedas y limosas que el lago dejaba al descubierto cuando terminaba la época de lluvia y reducía su superficie. Igualmente en la época lluviosa los ríos llegaban cargados de agua y se desbordaban en las zonas bajas, cercanas al río posibilitando la agricultura en las zonas inundadas. Así ocurre en la desembocadura del río chari, en la región chadiana de Yaeres, donde las llanuras se inundan y permiten crear un granero para la siembra del mijo.

Lago Chad, el Mar de Aral africano



Un lago que va desapareciendo inexorablemente, el avance amenazador del desierto circundante, la ausencia de lluvias, los ríos secos que ya no desembocan en ninguna parte porque su caudal se exprime hasta la última gota…

No extraña la afirmación de que el Lago Chad es “el Mar de Aral africano”. Desgraciadamente ambos casos muestran muchas similitudes y un resultado catastrófico: la extrema reducción de dos masas de agua continental que se contaban entre las más importantes del mundo. Dos catástrofes que no son sólo ecológicas, sino también humanas; o, mejor dicho, que son catástrofes humanas porque lo son ecológicas, pues lo uno es inseparable de lo otro.

Se suele decir que el Lago Chad desaparece por culpa del cambio climático y que será una de sus primeras víctimas. Es cierto que las duras sequías, cada vez más prolongadas, de las últimas décadas están teniendo consecuencias devastadoras, y que las zonas semiáridas se cuentan entre las más propensas a sufrir los rigores del calentamiento global. Pero no sólo hay que tener en cuenta ese factor: una vez más, la mano del hombre en forma de mala gestión de las aguas, la falta de conciencia a la hora de actuar sobre los ríos, con una visión miope que no alcanza a enfocar los problemas que una actuación aguas arriba puede causar aguas abajo, están entre las causas fundamentales de una serie de graves problemas que recaen, como siempre, sobre las espaldas de los más pobres.

El Lago Chad es un oasis en mitad de la aridez del Sahel, al sur del desierto del Sahara. Alimentado por el río Chari y sus tributarios (que llegan desde las lejanas montañas de la República Centroafricana y aportan el 90% del volumen del lago), se rige también parcialmente por el ritmo de los monzones. Tanto los ríos como las lluvias estacionales se han debilitado hasta casi desaparecer; con ellos se ha marchado el lago… poniendo en peligro la supervivencia de cientos de miles de personas. En toda la cuenca del Lago Chad, junto a sus aguas y de sus aguas, habitan más de 30 millones.

Basta mirar un mapa para advertir la importancia que tiene la existencia de este lago en el centro del continente: sobre la mancha azul de su contorno se trazaron cuatro fronteras, de esas limpias, como a tiralíneas, que solían dibujar los colonizadores de África, de modo que se proporcionaba acceso al agua a otros tantos países. Chad, Níger, Nigeria y Camerún comparten así el lago, aunque más bien hay que decir que “compartían”, pues el agua no llega a sobrepasar, en los últimos años, los límites del Chad.

Esas tajantes divisiones fronterizas son muestra también del poco respeto que los colonizadores tuvieron hacia la realidad, tradiciones y necesidades de la población autóctona. Antes de la llegada de los europeos, el Lago Chad era el centro de una antigua cultura, el imperio Kanem-Bornu, que aglutinaba a los pueblos ribereños desde la alta Edad Media. Pueblos que quedaron divididos con la llegada de los franceses, en fecha tan tardía como 1920, y la violenta desaparición del tradicional orden de cosas.

La explotación colonial de los recursos de la zona fue el primer golpe que sufrió la población del lago: su economía tradicional fue sustituida por el cultivo del algodón para la exportación, cuya comercialización quedaba en manos francesas. Con ello, faltaron los alimentos básicos y llegó el hambre.



Pero fue tras la independencia, obtenida en 1960, y mientras el Chad se desangraba en guerras internas, cuando Nigeria puso en marcha los grandes proyectos de regadío que iban a significar la verdadera sobreexplotación de los ríos tributarios del Lago Chad: se trataba de poner en riego decenas de miles de hectáreas en la parte más meridional del Sahel, el llamado “Sahel húmedo”. Uno de los proyectos se ubicó en la cabecera de los ríos Hadejia y Jama’are, tributarios del Lago Chad, donde se construyeron varias presas en la década de 1970. Pero el principal plan fue el denominado “South Chad Irrigation Project”, uno de los más ambiciosos de África, que data de finales de esa misma década y que afectó también a los ríos de la cuenca, repetidamente represados y sangrados mediante canales. Los caudales se desviaban para cultivar arroz, planta que necesita grandes cantidades de agua en un área, como la del Sahel, que tiene unas altísimas tasas de evapotranspiración…

Sólo se alcanzó a poner en riego algo menos de la tercera parte de la extensión proyectada, pues las aguas empezaron a reducirse de manera drástica y las sequías se encadenaron unas a otras en esas fechas. Se pretendía incluso bombear agua del propio lago para hacerla llegar a los campos: pero la enorme planta eléctrica de New Marte, construida a finales de los años 70 para posibilitar el bombeo, nunca llegó a entrar en servicio siquiera, y permanece abandonada junto a un canal de toma, también intacto, en una espera vana de la resurrección del lago.

En los años 60 el Lago Chad cubría una superficie de más de 25.000 km2; en la actualidad apenas alcanza los 1.000. Su escasa profundidad (7 m en el punto más hondo; en la actualidad, de media sólo tiene 1,5 m) lo hace más vulnerable a cualquier variación climática o en el régimen de precipitaciones. De hecho, las fluctuaciones en su volumen y extensión son características del lago, que las ha experimentado muchas veces a lo largo de la historia. Los estudiosos han documentado periodos en los que el lago prácticamente ha llegado a desaparecer para volver a recuperarse al llegar un ciclo climático más húmedo. Pero ésta es la primera vez que a esa dinámica se suma la acción del hombre, un factor, como hemos visto, en absoluto despreciable: se estima que la extracción de agua en la cuenca para destinarla a proyectos de regadío es el factor responsable de al menos la mitad de la reducción del lago.

“Si no hacemos nada, el lago simplemente desaparecerá”, ha afirmado el ministro nigeriano Adamou Namata, miembro de la Comisión de Cuenca del Lago Chad. Este organismo, creado en 1964 para coordinar la gestión de las aguas entre los cuatro países que lo comparten (más la República Centroafricana, por donde discurren sus principales tributarios), ha debido afrontar desde los inicios de su andadura el grave problema de todo orden que supone esta drástica reducción del lago.


VIDEO Lago Tchad





Y es que la falta de agua ocasiona una catástrofe humana que tiene múltiples facetas, aunque un sustrato común de sufrimiento. Tradicionalmente, la población ribereña se dedicaba a la pesca (el pescado supone el principal y casi único aporte de proteína en la dieta de estas comunidades), más una actividad agrícola complementaria, la denominada “firki”, que consistía en cultivar las zonas de tierra limosa y fértil que el lago dejaba al descubierto cuando se retiraba tras las inundaciones monzónicas. Con eso cubrían sus necesidades. Y si algo les faltaba, el lago les servía de medio de comunicación para los intercambios y animaba la vida, de aire portuario y pesquero, en poblaciones como Malamfatori, Baga, N’guigmi… hoy a cientos de kilómetros de la ribera. Vía comercial y de transporte para todos, el lago bullía de embarcaciones que hoy se pudren u oxidan embarrancadas en la lejanía.

Han desaparecido las abundantes especies de fauna que poblaban las orillas (jirafas, hienas, búfalos, gacelas, antílopes…), se han ido los pájaros y otras especies salvajes; y han disminuido dramáticamente, en cantidad, tamaño y variedad, las especies de peces que son el alimento básico de la población. Se ha ido el agua y ha llegado el hambre y la desnutrición. También ha llegado una planta invasiva, la typha, que impide la navegación y la pesca, pero que sirve de hábitat a numerosísimas bandadas de Quelea quelea, llamado el “pájaro langosta”, pues su presencia constituye una auténtica plaga.

Los pescadores nigerianos y cameruneses acuden hacia las orillas cada vez más exiguas del lago. La población se agolpa en los poblados y pelea por los escasos recursos. Surgen los problemas, la violencia. Los conflictos son habituales entre pescadores y agricultores, agricultores y ganaderos, antiguos pobladores y recién llegados; todos luchan por sobrevivir. Los conflictos entre países por el establecimiento preciso de los límites territoriales y los derechos de uso del agua añaden grandes dosis de tensión en una zona ya muy castigada por décadas de enfrentamientos.

Los gobiernos buscan soluciones. Para posibilitar un mínimo abastecimiento se establecen polders, cultivos en las tierras de donde el lago se ha retirado, y se ayuda a los antiguos pescadores a reconvertirse en agricultores. Pero también se conciben proyectos de mucha mayor escala: la Comisión de Cuenca del Lago Chad clama desde hace años, en los foros internacionales, pidiendo ayuda para llevar a cabo un proyecto de trasvase de las aguas del Ubangi, en la cuenca del río Congo, hasta el Chari, con cuyas aguas se pretende volver a abastecer el Lago Chad y lograr su recuperación. En el Forum Mundial del Agua celebrado en Kioto en 2003, los dirigentes de los cuatro países ribereños hicieron una llamada urgente de apoyo financiero para el proyecto (que sólo para hacer los estudios de viabilidad precisa seis millones de dólares), y nuevamente en 2008 se volvió a lanzar una petición de ayuda a la comunidad internacional. Pero hasta ahora, la idea no termina de arrancar.

Se trata de un proyecto muy complejo y costoso, que implicaría la construcción de una gran presa en Palambo, en el cauce del Ubangui, y el trazado de un canal navegable de más de 100 km de longitud, por donde circularían los 900 m3/seg que se pretenden detraer. Pero no es sólo su alto coste lo que retrae a los posibles inversores; es también la inseguridad que supone no saber si lo que se conseguiría, de llevarse a cabo el proyecto, no sería únicamente trasladar el problema de una zona a otra… además de crear nuevos problemas en el ecosistema propio del lago.

En realidad, lo que se pretende no es únicamente “rellenar” el lago; se trata también de emplear los caudales trasvasados para abastecer regadíos y promover la instalación de agroindustrias, además de producir electricidad ubicando una central bajo la presa de Palambo. En una situación de recesión de las lluvias, como la que parece ser que causa la regresión del lago, parece un plan demasiado ambicioso. Sus promotores afirman que “de hecho, un área entre 50.000 y 70.000 km2 en la cuenca del Lago Chad podrían ponerse en un sistema de riego extensivo como resultado de este proyecto de transferencia de aguas”; y que, además, y sobre todo, “proporcionaría la oportunidad de reconstruir el ecosistema, rehabilitar el lago y reconstruir su biodiversidad”. En fin, “se salvaguardaría el lago, ya que la población ribereña, si se la educa e informa adecuadamente, no vería ya la necesidad de cortar madera para obtener energía”…

Los países de la cuenca cedente (Congo y República Democrática del Congo) parecen estar de acuerdo con esa cesión de caudales, a cambio de recibir abastecimiento energético desde la central hidroeléctrica proyectada, recurso con el que esperan atraer inversiones de otros países.

De momento, está en marcha un proyecto de regeneración de los ecosistemas del lago, que cuenta ya con financiación internacional y que se basa principalmente en una gestión integral más adecuada de los caudales de la cuenca. También hay propuestas para recuperar los sistemas tradicionales de cultivo, que probaron su eficacia durante milenios para abastecer a la población y que, sin necesitar grandes y costosas infraestructuras, pueden a solventar el primer y más urgente problema, que es el del hambre.

Pero esos proyectos no contentan del todo a los dirigentes de los países afectados, que se sienten más atraídos por los planes de gran o enorme envergadura. Como dicen los representantes de la empresa italiana Bonifica, que ha realizado el diseño del proyecto de trasvase desde el Ubangui, “no hay que tener miedo de pensar a lo grande”. De modo que, aunque el proyecto lleva ya más de quince años buscando financiación sin éxito, sus promotores no decaen en el empeño, sobre todo desde que, en 2003, se inaugurara el oleoducto Chad-Camerún y la explotación de las reservas petrolíferas chadianas, ubicadas por cierto en las proximidades del lago.

Mientras tanto, los agricultores chadianos diseñan pequeños sistemas de captación de agua de lluvia para sus campos. Y confían en que el clima cambie y vuelvan a llegar, en el futuro, los fuertes monzones de los años felices.

LA DIFÍCIL SOLUCIÓN AL PROBLEMA

La solución al problema es hoy muy complicada. Se baraja en la actualidad la opción de un proyecto de trasvase de aguas desde el río Ubangui, situado en la cuenca del río Congo, hasta la cuencia del río Chari, con la pretensión de volver a abastecer el lago Chad y recuperar su nivel. Se trata de un proyecto muy complejo y costoso, que implicaría la construcción de una gran presa en Palambo, en el cauce del Ubangui, y el trazado de un canal navegable de más de 100 km de longitud, por donde circularían los 900 m3/seg que se pretenden detraer. Con ese agua se rellenaría el lago y se abastecerían regadíos, además la presa de Palambo produciría enormes cantidades de electricidad para los países del entorno, que compensaría la perdida de agua de estos.  El problema es su alto coste, más si cabe en un momento de crisis como el actual, además de las dudas sobre su eficacia, pues estamos en una época de crecientes sequías y de reducción de lluvias, no está claro que en el futuro el Ubangui pueda proporcionar esa agua sin ver afectado seriamente su propio caudal.
Por otro lado el restablecimiento del nivel de agua en el lago tiene también su complejidad, por un lado trastornaría de nuevo a las poblaciones que se han adaptado y han ocupado nuevas tierras agrícolas, además la eliminación de las fluctuaciones anuales del nivel del lago rompería las formas de vida tradicionales de sus habitantes, porque el trasvase aseguraría un aporte constante de agua todo el año.
Para poder profundizar sobre las posibilidades y perspectivas del trasvase de agua desde el río Ubangui podéis consultar: http://hispagua.cedex.es/sites/default/files/especiales/Trasvases%20Africa/chad.html

¿LE OCURRIRÁ LO MISMO AL LAGO TURKANA? El Lago Turkana está situado en Kenia.




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