lunes, 24 de noviembre de 2014

Singularidades

«Cualquier tecnología suficientemente avanzada es indistinguible de la magia»
                                                                                                 --Arthur C. Clarke 

Año 2099:  el cerebro humano es completamente recreado con Ingeniería Inversa, los aspectos de su funcionamiento son entendidos.


En análisis matemático, se usa el término Singularidad para aludir a ciertas funciones que presentan comportamientos inesperados cuando se le asignan determinados valores a la/s variable/s independiente/s. A partir de allí surgió la llamada Teoría de la Singularidad.


Singularidades de la función tangente(x)

Singularidad 1986.


 Una forma de medir la intensidad del impacto de la población sobre el medio ambiente es a través de un índice, de la cantidad de superficie que requiere para producir los bienes que consume, dotarlo de servicios y absorber o reciclar sus desechos. Esta superficie es la llamada “huella ecológica”. Si la huella ecológica es mayor que la superficie productiva disponible, entonces se está haciendo un uso no sostenible de los recursos naturales. En el año 2001, la huella ecológica promedio per cápita en el mundo era de 2.2 hectáreas de superficie, valor 22% mayor que las cerca de 1.8 hectáreas de terreno productivo de las que se disponía. Entre el año 1961 y el año 2001, la huella ecológica global creció cerca de 2.5 veces. Desde 1986, la huella ecológica mundial sobrepasó la superficie disponible; para el año 2001 ya requeríamos 1.21 “planetas” como La Tierra para sostener a la población humana actual. Hoy ya somos : 7.200.000.000 de seres humanos sobre el planeta, se esperan 9 exp 9 habitantes para el año 2030 ( En diciembre de 2009, la Oficina del Censo de Estados Unidos --United States Census Bureau-- proyectó una población mundial de 8400 millones para el año 2030 ).

La huella ecológica promedio de los países desarrollados es de 6.4 hectáreas, lo cual contrasta con las 3.3 hectáreas de las que disponen; la de los países en desarrollo es de 1.9 hectáreas, ligeramente por debajo de las 2 hectáreas con las que cuentan.

• México se encuentra entre los veinte países con las mayores huellas ecológicas en el mundo ( las mayores huellas ecológicas son las de Kuwait, Estados Unidos y Australia).


Singularidad 2029.


Raymond Kurzweil predice que un ordenador pasará el Test de Turing hacia el año 2029, demostrando tener una mente (inteligencia, consciencia de sí mismo, riqueza emocional ) indistinguible a la de un ser humano. Este momento de la historia humana se ha denominado Singularidad Tecnológica y será el cambio mas trascendente de nuestra historia como especie.

Singularidad 2050.


Kurzweil predice que entre ahora y el año 2050 la tecnología llegará a ser tan avanzada que los progresos en medicina permitirán a la gente ampliar radicalmente su esperanza de vida y la calidad de la misma.

Se estima que algunas de las materias primas del mundo empiecen a escasear o desaparezcan.




El Mapa del Futuro: Cómo viviremos en 2030


La economía de China será un 50 por ciento más grande que la de EE.UU., el islamismo será la religión con mayor crecimiento y el agua será foco de conflictos. Viviremos más, pero nos
moriremos de enfermedades no transmisibles, y habrá más obesos. La filantropía se profesionalizará y surgirá un mayor respeto hacia las minorías. Así será el mundo dentro de 16 años, según un estudio realizado por el foro de los jóvenes líderes globales, del foro económico mundial.


También en 2030, el 47% de la población mundial vivirá en zonas donde la presión por el recjurso agua será intensa. Se viene la tercer guerra mundial por el agua.  


2030: el verdadero año donde ocurrirá el Fin del Mundo


Si bien hubo una histeria masiva con la llegada del año 2012 y las profecías mayas, este arrebato no tuvo en ningún punto una base científica. En cambio, los científicos del MIT hace más de 40 años pronosticaron una fecha en que acontecería un colapso mundial para el que faltan 16 años y que es completamente inevitable.


Hace cuatro décadas, en 1972 el Instituto Tecnológico de Massachusetts (MIT) publicó un oscuro reporte advirtiendo que, de continuar la creciente tendencia de consumo de recursos planetarios, el sistema financiero colapsaría definitivamente y con el, el mundo tal como lo conocemos. Hoy en día, podemos comprobar que dicho pronóstico sigue totalmente vigente -- bueno pregúntese si hemos hecho algo para cambiarlo-- y que nos encaminamos hacia una catástrofe que es ya inevitable.

Corría el año 1972 cuando un grupo de cuatro investigadores del Instituto Tecnológico de Massachusetts (MIT) publicaron un controvertido reporte, “Limits to Growth”, en el cual se auguraba el colapso de la economía mundial para el año 2030. Enlazando una serie de modelos computacionales para analizar la información financiera de aquel tiempo, obtuvieron como resultado que, en caso de que la sociedad mantuviera su tendencia de aumentar el volumen de consumo, el sistema financiero no soportaría más y, paradójicamente, terminaría por consumirse así mismo. Bueno será algo mas que el Sistema Financiero lo que colapse.

En su momento el informe fue descalificado por algunos, o asumido como una más de las apocalípticas advertencias que constantemente vienen y van al interior de todo grupo social. Sin embargo hoy, a cuarenta años de la publicación de “Limits to Growth”, la proyección reflejada en este documento parece tener más vigencia, y mayor probabilidad de consumarse, que nunca: hemos acelerado el ritmo de consumo de los recursos naturales y sociales, y el sistema económico denota una vulnerabilidad inédita.
El cúmulo de modelos computacionales que se empleó en su momento, permitió correlacionar una serie de variables que giraban en torno a dos grupos: las diversas facetas del desarrollo “global” y las consecuencias de esta dinámica sobre la Tierra. De acuerdo con esto se incluyeron patrones que reflejaban la cantidad de recursos disponibles, la productividad agrícola, el control poblacional, y la cultura de protección medioambiental, entre otros, y la data resultante se utilizó para predecir el futuro de la humanidad. Sobra decir que el escenario proyectado fue poco alentador.

Recientemente, a menos de treinta años de que su cumpla el plazo de seis décadas que marcó “Limits to Growth”, un físico australiano, Graham Turner, retomó el reporte y publicó un análisis en la prestigiada publicación periódica Smithsonian Magazine, titulado “Looking Back On the Limits of Grow”. El ejercicio de Turner consistió en una actualización comparativa entre la información que utilizaron los investigadores del MIT, en 1972, y las condiciones actuales. La conclusión fue que las predicciones de ese entonces empalman casi perfectamente con la situación actual, lo cual sugiere que la proyección contenida en el reporte tiene al menos el doble de probabilidades, al haber transcurrido más de la mitad del plazo, de consumarse. “Hay una clara alarma sonando aquí. Definitivamente no estamos sobre una trayectoria sustentable” declaró Turner.
Y aunque para muchos de nosotros la conclusión del australiano no es gran novedad, lo cierto es que resulta relevante, al menos como un recordatorio o reafirmación de lo mal que estamos haciendo las cosas, el hecho de que una predicción de carácter fatalista que se hizo pública hace cuarenta años, se haya convertido, tristemente, en un guión de acción que hemos cumplido casi a la perfección. Pero para continuar la secuencia de predicciones resultaría interesante determinar el punto de inflexión de esta tendencia, es decir aquel momento en el que ya será imposible revertir la decadente inercia que hemos forjado gracias a un masivo esfuerzo. Y aunque probablemente confirmaríamos ya nuestro ocaso auto-diseñado, eso podría detonar la conciencia indispensable para transformar el destino, haciendo gala a aquella máxima que de algún modo remite a la naturaleza cuántica de todas las cosas y que afirma que las profecías se hicieron para invocar una reacción tajante… y así romperse.




Así quedaría el mundo después de una III Guerra Mundial



El caos y los destrozos que dejó como saldo la Primera Guerra Mundial parecían, en su momento, insuperables entre éstos:
costó la vida de 10 a 31millones de personas. Pero las sociedades humanas, lejos del aprendizaje o el arrepentimiento, continuaron perfeccionando su tecnología armamentística, provocando, luego de la Segunda Guerra Mundial, un desastre aún mayor en el cual murieron entre 60 a 73 millones de personas, con el corolario macabro de la utilización de dos bombas atómicas. Ahora, ante un escenario hipotético de un tercer conflicto armado global… ¿cómo quedaría el planeta una vez terminada la guerra? Esta pregunta movilizó a un grupo de investigadores, quienes publicaron en la revista Popular Science un artículo que detalla los efectos posibles de una guerra nuclear de escala regional, según los resultados de una simulación informática.

El modelo representa una posible guerra entre India y Pakistán, y supone la utilización de 100 cabezas nucleares de 16 kilotones cada una. ¿Sus consecuencias en el medio ambiente?


- Ascenderían a la atmósfera cinco megatones de carbón negro absorbiendo el calor del sol. Una parte de este carbón negro caería posteriormente con la lluvia. Esto contraería un notable descenso de la temperatura.
- Por este descenso de la temperatura, en cinco años la Tierra recibiría un 9% menos de lluvias; así, la época de crecimiento media de los cultivos del planeta se reduciría entre 10 y 40 veces en las zonas agricultoras del mundo.



- Las reacciones químicas en la atmósfera destruirían la capa de ozono que protege a los habitantes de la Tierra contra la radiación ultravioleta, lo que causaría más quemaduras del Sol y casos de cáncer de piel en la gente y podría desestabilizar el ADN en varios tipos de cultivo, entre ellos el maíz.
- Según la Asociación Internacional de Médicos para la Prevención de la Guerra Nuclear, cerca de 2.000 millones de personas en todo el mundo se verían afectadas por la crisis alimentaria tras una caída drástica de las superficies cultivadas y la producción de comida.



Queda multiplicar con el uso de la imaginación estos resultados para conocer lo devastadora que sería una III Guerra mundial.



Así quedaría el mundo después de una III Guerra Mundial
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