jueves, 3 de marzo de 2016

Inteligencia Emocional: 6 Ejercicios Básicos


La inteligencia emocional es un concepto definido por Mayer, citado de un estudio de Martínez, como "una habilidad para percibir, asimilar, comprender y regular las propias emociones y las de los demás, promoviendo un crecimiento emocional e intelectual.

Cómo aumentar mi inteligencia emocional 

Seguro que conoces a alguien en tu vida que se le da bien escuchar, dar buenos consejos para hacerte sentir bien, que no pierde el control cuando se enfada ni se deja hundir. Pues que sepas que esa persona es toda una experta en el manejo de sus emociones.

¿Te gustaría formar parte de las personas emocionalmente inteligentes? Pues te sugiero que sigas estas 6 recomendaciones, ya que la capacidad que poseas para manejar tus emociones determinarán todos y cada uno de los aspectos de tu vida.  


ejercicios básicos para mejorar la inteligencia emocional

Primero de todo ¿sabes qué es la inteligencia emocional?

Daniel Goleman, experto en inteligencia emocional, la define como la capacidad para reconocer sentimientos en uno mismo y en otros, siendo hábil para gestionarlos y dirigirlos a la hora de relacionarse con los demás. Las personas que cuentan con alta inteligencia emocional tienen la capacidad de ajustar sus comportamientos y emociones a la situaciones, y esto lo pueden hacer por su capacidad para reconocer sus propias emociones, así como las de los demás.

Esto es, a mayor inteligencia emocional, mayor capacidad para reconocer emociones y adaptarse a las situaciones, por lo que mayor probabilidad de sacar algo beneficioso y productivo de éstas.

Aquí están los 6 pilares de la inteligencia emocional que debes trabajar:

 
1. Conocerse a uno mismo

Cuando un hombre no se conoce a sí mismo, no conoce nada.

Saber cuál es tu reacción ante ciertas situaciones o saber reconocer cómo te sientes a lo largo de un día es clave para conocerte a ti mismo. ¿Qué cosas no soportas de los demás? ¿Qué cosas te hacen sentir mejor? ¿Hay algo que te motive muchísimo?

ejercicios para mejorar la inteligencia emocional

Una buena forma de conocerse a uno mismo es plasmarlo en papel. Pon en un papel tus sentimientos, emociones, pensamientos y creencias ante las distintas situaciones que protagonizas en tu vida. Esto te hará ser más consciente de cómo eres y cómo actúas, lo que te dará la llave para gestionar y manejar todo cuanto no suponga un beneficio para ti. Hazlo, verás cómo te sorprendes de ti mismo.

 


2. Empatía

No juzgues su camino si no has andado con sus zapatos.

La empatía es la capacidad de ponerse en el lugar del otro y ser capaz de sentir lo que el otro está sintiendo. Seguro que en muchas ocasiones has juzgado a muchas personas. No te preocupes, la sociedad de hoy en día nos programa para hacerlo. Sin embargo, creo que hoy es un buen día para que cambies todo eso y, en lugar de juzgar al resto de personas, ¿qué tal si pruebas a entenderlas y ponerte en su lugar? Te sorprenderás.

 
3. Equilibrio emocional

Todas las personas tenemos impulsos, pero las personas emocionalmente inteligentes se diferencian del resto en que piensan antes de actuar y controlan su impulsividad. Esto tiene mucho que ver con el primer punto, ya que sin él esto sería imposible.

Es necesario que te autorregules emocionalmente porque sino resultaría injusto para ti y para quienes se relacionan contigo. Es bueno desahogarse y pegar un grito en la intimidad de vez cuando, o llorar si es eso lo que necesitas en ese momento pero no dejar que las emociones te arrastren.

Por ello, no debes reprimir tus emociones pero tampoco dejar que te gobiernen a ti. Tú eres el que tiene el control para permitir o no que florezcan, y saber cómo gestionarlas es un rasgo de inteligencia emocional.
Ejercicios básicos para mejorar la inteligencia emocional

4. Habilidades sociales

La inteligencia emocional no puede ser entendida sin la participación de los demás.

Ser emocionalmente inteligente implica que tus relaciones con los demás no son sólo beneficiosas y productivas para ti, sino también para ellos. Es decir, una persona emocionalmente inteligente sabe reconocer las emociones de los demás, así que sabe cuando alguien necesita ser motivado, cuándo alguien necesita un abrazo, cuándo alguien…

En definitiva, una persona emocionalmente inteligente buscará el bienestar de los demás tanto como el suyo, porque entenderá que la verdadera felicidad no es verse feliz, sino ver cómo los demás son felices con él.

ejercicios para mejorar la inteligencia emocional

5. Automotivación

Cuanto más grande sea el esfuerzo, mejor será la recompensa.

Debes estar motivado para que esa recompensa sea la máxima y no te quedes a mitad del camino por un mal día. Las personas emocionalmente inteligentes se caracterizan precisamente por eso: por sacar la voluntad y la fuerza incluso en los peores momentos; por sacar una sonrisa aunque no tengan ganas, por no dejar de intentarlo nunca. Porque precisamente esa es la recompensa: saber que has dado todo de ti y que te sientes satisfecho y orgulloso por ello.

 




6. Felicidad

Generalmente, las personas que poseen alta inteligencia emocional son personas felices.

ejercicios para mejorar la inteligencia emocional

Y es que las personas emocionalmente inteligentes saben reconocer sus emociones: cuando están tristes, contentos, emocionados…y por ello, saben gestionarlas y controlarlas si fuera necesario.

Desgraciadamente, muchas personas asocian la felicidad con recibir o poseer cosas materiales, pero se equivocan: los que realmente son felices son los que siempre dan, en todos los aspectos: dan alegría cuando la necesitas, te dan motivación en los peores momentos, energía para un mal día…Son personas que transmiten bienestar y energía positiva.

Saben reconocer sus emociones y controlan su estado de ánimo para conseguir su propósito.

Y tú, ¿a qué esperas para ser una persona emocionalmente inteligente?  Ya sabes la teoría, ahora a poner en práctica estos 6 pilares que has de implantar en tu vida si quieres conseguir el propósito de ser emocionalmente inteligente.


VIDEO Inteligencia Emocional Dr. Daniel Goleman






El concepto de  Inteligencia Emocional  ha llegado a prácticamente todos los rincones de nuestro planeta, en forma de tiras cómicas, programas educativos, juguetes que dicen contribuir a su desarrollo o anuncios clasificados de personas que afirman buscarla en sus parejas. Incluso la UNESCO puso en marcha una iniciativa mundial en 2002, y remitió a los ministros de educación de 140 países una declaración con los 10 principios básicos imprescindibles para poner en marcha programas de aprendizaje social y emocional.
 
El mundo empresarial no ha sido ajeno a esta tendencia y ha encontrado en la inteligencia emocional una herramienta inestimable para comprender la productividad laboral de las personas, el éxito de las empresas, los requerimientos del liderazgo y hasta la prevención de los desastres corporativos. No en vano, la Harvard Business Review ha llegado a calificar a la inteligencia emocional como un concepto revolucionario, una noción arrolladora, una de las ideas más influyentes de la década en el mundo empresarial. Revelando de forma esclarecedora el valor subestimado de la misma, la directora de investigación de un head hunter ha puesto de relieve que los CEO son contratados por su capacidad intelectual y su experiencia comercial y despedidos por su falta de inteligencia emocional
 
Sorprendido ante el efecto devastador de los arrebatos emocionales y consciente, al mismo tiempo, de que los tests de coeficiente intelectual no arrojaban excesiva luz sobre el desempeño de una persona en sus actividades académicas, profesionales o personales, Daniel Goleman ha intentado desentrañar qué factores determinan las marcadas diferencias que existen, por ejemplo, entre un trabajador “estrella” y cualquier otro ubicado en un punto medio, o entre un psicópata asocial y un líder carismático. 
 
Su tesis defiende que, con mucha frecuencia, la diferencia radica en ese conjunto de habilidades que ha llamado “inteligencia emocional”, entre las que destacan el autocontrol, el entusiasmo, la empatía, la perseverancia y la capacidad para motivarse a uno mismo. Si bien una parte de estas habilidades pueden venir configuradas en nuestro equipaje genético, y otras tantas se moldean durante los primeros años de vida, la evidencia respaldada por abundantes investigaciones demuestra que las habilidades emocionales son susceptibles de aprenderse y perfeccionarse a lo largo de la vida, si para ello se utilizan los métodos adecuados.

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